LOS CAFRES instinto


1-La receta
2-La foto de Zapata
3-Duro remedio
4-Esclava
5-La magia
6-Dreadlocks
7-Volar hasta allá
8-Los muros
9-Esa roca
10-Solo un pensamiento
11-Aguantar
12-Seguridad
13-Todo lo que quiero
14-Rub a Dub
15-Falsas palabras

"Esto es Argentina y no Jamaica." Lo decia Guillermo Bonetto sobre la potente base roots de "Dreadlocks", sexto tema de Instinto, el segundo disco de Los Cafres. Y quedaba claro que ése era el eje de una imparable secuencia de quince tracks: en 1995, año en el que visitaron Buenos Aires los tanques reggae Alpha Blondy, Black Uhuru, Israel Vibration y Yellowman, Los Cafres creían que se podía hacer buen reggae sin necesidad de "querer ser rasta". Porque, igual, así como "este verano va a haber muchos dreadlocks", en invierno podría haber "mucho pelo corto". Y en ese momento, acá, se hacía importante saber diferenciar, porque esto "no es una moda" y "hay que saber dónde termina la joda".
Lo que en boca de otros podría ser simplemente una arenga efectiva, viniendo de Los Cafres tenía otro peso. Los tipos andaban con todos sus papeles en orden: venían desde 1987 con esto del one-drop, no eran un rejunte de sesionistas para salir a trabajar en fiestas. Eran, sobre todo, fans de lo que tocaban. Y el público, todavía escaso a pesar de los años y de los shows, lo sabía perfectamente y les creía, porque -en cierto punto- eran pares.
El público les creía y los seguía, seguramente porque, además, tenía claro que Bonetto sabía de lo que hablaba. Efectivamente, el reggae había sido furor a fines de los 80 en Argentina, y él lo había vivido desde adentro como percusionista de Los Pericos, nada menos, los sacerdotes del ritual de la banana. Pero la moda del "regui" fiestero había pasado hacía rato y Bonetto, un sobreviviente, seguía luciendo unos dreads importantes. Como sus compañeros, todos más o menos con diez años de roots encima, ya estaba para otra cosa. Estaba listo.
Apenas un año antes, la banda había grabado el exploratorio Frecuencia Cafre y cada uno de sus shows, particularmente junto con los queribles sureños de THC, más que shows eran una fiesta. Es realmente sorprendente que, tan poco tiempo después de su debut discográfico, tuvieran listas quince canciones tan buenas para el nuevo CD que saldría por Ras Records / DBN.
Instinto fue grabado en Panda en 1995, analógicamente, lo que es mucho más que una anécdota para audiófilos cuando se trata de reggae roots. Lo mezcló Jim Fox en Washington DC, que además de la mezcla redondeó una posproducción de matiz dub (ver el track "Sólo un pensamiento"). Y después, incluso, se editaría Instinto Dub, pionero CD de versiones alternativas, ahora sí netamente dubeadas.
El comienzo era directamente matador. "La receta", "La foto de Zapata" y "Duro remedio": un himno-clásico instantáneo, un reggae épico en la saga de "El romano" (veta que se extrañaría en los próximos discos del grupo) y un arrasador upbeat. Pero Instinto no se agotaba ahí nomás. Tenía otros doce temas, entre ellos: "Dreadlocks", "Volar hasta allá", "Seguridad", "Rub a Dub" o "La magia", vieja y suave canción del entonces guitarrista Gustavo "Tendón" Pilatti, hoy en Nonpalidece, un track que había quedado fuera de Frecuencia Cafre (1994).
Los Cafres de entonces tenían la paradójica habilidad de sonar eclécticos sin correrse del género ni medio compás. Porque, como decían en "La receta": "El reggae es belleza y no monotonía". Así, tiraban lovers, rub-a-dub, reggae más "a lo británico", dub, tempos arriba, abajo. Y en cada tema, en el mismo disco que decían que "esto es Argentina y no Jamaica", instintivamente sentaban las bases del reggae latinoamericano. No eran pioneros: Los Pericos, Los Abuelos de la Nada y hasta ¡Donald! habían llegado antes. Pero Los Cafres sabían más y se lo tomaban en serio. Se nota en cada arreglo. Tomen la batería, por ejemplo, en manos de Adrián Canedo, que continuaría en el proyecto sólo un disco más. Canedo tenía por entonces una legendaria colección de vinilos jamaiquinos y así conocía cada yeite del rubro. O escuchen el entramado de las guitarras, el bajo y el teclado, sutiles, ajustados y renovadores. Unos innovadores ortodoxos que influyeron a cada una de las mejores (y también de las más derivativas) bandas de la actual escena de reggae latino. ¿O deberíamos decir de reggae-Cafre?
Más aun por el lado de las letras. Los distintos autores (no sólo Bonetto escribía los temas) resolvieron lo que ni Los Pericos ni Sumo habían podido resolver: el enigma de la métrica modelo para componer buenas canciones de reggae en castellano. No casualmente, en el que muchos consideran el mejor disco de reggae argentino, no hay mayores referencias a los clichés importados de Jamaica con más frecuencia: Marley, el porro, Jah Rastafari, los trapos rojo-amarillo-verde. En el único momento que la banda aborda el topic rasta (otra vez, "Dreadlocks"), Bonetto lo hace más bien para desanimar, casi advertir, a los fans ansiosos por adoptar una nueva religión con el mismo reflejo impulsivo con el que se comprarían una tabla de skate.
Al contrario, Instinto, más que un dogma exótico, sale a defender la libertad individual ("Duro remedio", "Seguridad", "Aguantar", "Esa roca"). Se ve que en esas andaban Los Cafres por entonces. Y si en aquel momento el rumbo pudo haber parecido incierto, quince años después (¡guau!) el presente parece confirmar que tan perdidos no estaban.

Por Daniel Flores ( revista rolling stone )

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